Laudatio de Liliana Herrero por el Honoris Causa a Juan Falú

Sonido actual, memoria profunda

Entre las escasas certezas que tengo hay una particularmente preciada para mí; es la idea que la amistad es una de las formas más perfectas de recordar y reponer siempre lo que hemos sido. Como una  especie de renovación vital encadenada a las formas más antiguas y celebradas de nuestras biografías. Pero no solo renovadas sino que podríamos decir, hasta perfeccionadas. Como si lo que hemos sido nos estuviera esperando incesantemente. Pero digo y tal vez aclaro que eso que nos espera es lo que más celebramos de nuestras vidas.

Si tuviera que elegir aquello que señaló para siempre mi andar es que la música, en el último sentido de las cosas, es una promesa. No cualquiera promesa  sino aquella que está inscripta en el fuerte deseo de una comunidad emancipada. Con Juan Falú compartimos ese anhelo. Y lo que es mejor aún, en el medio de tal anhelo es que se amasa una amistad porque si no existiera ese misterioso deseo no se renovaría todo lo que hemos sido.

Pero mi pregunta es: cómo se traduce ese diálogo con el pasado en la música de Falú? O tal vez en una pregunta más radical y extrema: ¿es posible traer en un sonido, en una composición, en un modo de tocar y de cantar aquello que hemos sido? Yo creo rotundamente que sí y afirmo más aún: sí en la música de Juan. ¿Por qué? Porque cuando Falú hace sonar su guitarra uno percibe que el peso y la gravedad de la historia, del mundo, de lo perdido e incluso olvidado, está allí. Suena. Pero lo que seremos es la otra forma de lo que hemos sido. Entonces su sonido suena también como invención y como creatividad.  Y para mí ahí está la extraordinaria novedad de Juan Falú. Su guitarra, sus composiciones señalan no solo que el pasado no es algo muerto, inerte, algo ya sucedido y perdido en el tiempo, irrecuperable, acabado sino que el pasado es algo que al mismo tiempo nos convoca para volver a  nombrar las cosas.  Entonces en Juan la memoria musical y poética de este país no es melancolía por lo perdido sino que es fundamentalmente acto creativo. Es sueño individual y colectivo, es comunidad. Vuelve a nombrar las cosas y exige que lo hagamos todos juntos.  En ese sentido su obra es construcción, es invento, es novedad sonora anclada fuertemente en la memoria de lo ya sido.  Eso es un hallazgo artístico enorme. Falú nos lega su música, su poesía, su canto pero también nos lega la capacidad de inventar los nombres, la capacidad de volver a nombrar las cosas colectivamente y piensa esa actividad en forma cooperativa, comunitaria, en guitarreadas. Tenemos muchos ejemplos inventados por él para saber de su pasión por lo colectivo. Baste con recordar solo uno: el festival Guitarras del mundo. Por eso también su obra es un enorme gesto estético, ético y político.

Viejo conocedor de las tormentas, gran polemista, debate con los desmemoriados, con la prepotencia televisiva y la estandarización del oído,  le da batalla a los oportunismos político-culturales. Y siempre dice que no lo va a volver a hacer y siempre lo vuelve a hacer. Nosotros debemos celebrar esa forma de regreso a la polémica que es al mismo tiempo un resguardo de la memoria cultural. Sabe que la música también se refugia en una geografía, en un territorio que es voluntario y también una elección y se cobija en una memoria dolorosa que no sabemos si la música está preparada para recuperar. ¡Son tan infinitos y complejos los planos de la memoria!  ¿Qué memoria es la que sostiene la obra de Juan Falú? ¿El lejano Oriente o los cercanos Tucumán, Buenos Aires, Brasil? Todo eso junto amontonado, repentino, simultáneo recordable y olvidable. No es fácil representar un país o un terruño, los infinitos caminos de los legados. Y Juan lo sabe. Esa dificultad tiene en él una potencia estética enorme y su música también suena onírica, ensoñada, emocionada. Lo que equivale para mí al recuerdo que infructuosamente, con su frágil señuelo, el pescador lucha por sacar a luz. 

En ese caleidoscopio, en esas inquietantes tensiones, hay una Obra.

Para finalizar, voy a realizar una infidencia. En carta privada me decía

“Ando más embutido que nunca en una carrera contra la vejez, que me hace componer, grabar, tocar y dejar todo a cada paso. Estoy bien en esa carrera: voy primero, y la muerte última”

Artista enorme este hombre llamado Juan Falú, justamente premiado por la Universidad, a la que él nunca le fue ajeno y con justicia le reclama que siga abriendo sus diversas sensibilidades a este tesoro musical que él resguarda, promueve y expande.


UNSM.- JUAN FALÚ: “NO HAY MEJOR LUGAR QUE LA ARGENTINA PARA TOCAR ESTA MÚSICA” – INSTITUTO DE ARTES MAURICIO KAGEL,RECTORADO