La emoción hecha melodía

Juan Falú y Juan Quintero presentaron el espectáculo “Tal para Juan”, el pasado viernes, en el Cine Español.

Por Verónica Vita

Después de brillar con su espectáculo, Falú habló de su actualidad, sus composiciones e inspiraciones y de este nuevo camino junto a Quintero.

Neuquén > Resulta casi imposible pensar en Juan Falú alejado de ese instrumento que se ha convertido, con los años, en su inseparable compañero de camino: la guitarra. Compositor entrañable de la música tradicional argentina, el tucumano es un amante de las versiones libres y sabe desplegarlas en escena como pocos, al punto de ser calificado como un “compositor en tiempo real”. En los primeros pasos de su carrera musical la figura de su tío, Eduardo Falú, como gran referente artístico, le dificultó el hallar su propio estilo. Sin embargo, una vez que se decidió a emprender su camino personal, trabajó de forma incansable para forjarlo despuntando las melodías que brotaban de su interior. Hoy por hoy, además de ser una referencia ineludible dentro del cancionero tradicional argentino, reparte su tiempo entre sus clases en el Conservatorio “Manuel de Falla” de Buenos Aires, la dirección del ciclo Guitarras del Mundo, su trabajo en Fondo Nacional de las Artes, grabaciones y giras.

El pasado viernes, Falú junto a Juan Quintero, joven compositor e intérprete con quien no sólo lo une su raíz tucumana sino una profunda amistad, presentaron el espectáculo “Tal para Juan”, en el Cine Teatro Español. Ambos se profesan una mutua admiración y respeto artístico, además de compartir una gran afición por aportar nuevos aires a la música tradicional. “Yo creo que justamente la virtud de la tradición, no así del tradicionalismo, es lo que nos enriquece y es la disparadora de las cosas nuevas. Yo vivo recurriendo a las viejas canciones, porque aprendo continuamente de eso”, opinó Quintero. Y es justamente ese universo musical que componen las melodías que nacieron en estas tierras en el que navega Falú persistentemente y en el que se mueve como pez en el agua. De la dirección que tomó su carrera, sus composiciones, vicios e inspiraciones habló Falú, antes de vivir un nuevo romance escénico con su guitarra.

¿Cómo surgió el proyecto de hacer este espectáculo junto a Juan Quintero?

La idea fue de Paola Rivera que es productora de eventos artísticos y trabaja hace bastante con Juan Quintero y músicos muy buenos, y ella tenía el afán de juntarnos. Sabiendo que ambos somos tucumanos, de dos generaciones diferentes. Soy de la generación y amigo de los padres de Juan, nos unen lazos de la tierra, de la música, de la amistad.

En cuanto a su carrera personal, ¿le costó mucho separarse de la sombra de Eduardo Falú como referente?

Creo que tuve que trabajar mucho para encontrar mi camino, mi espacio, mi reconocimiento, mi modo personal de hacer la música y de tocarla, de componerla e interpretarla. Ése ha sido un largo camino realmente, pero sentía la necesidad de encontrar esa diferencia. Podría haber estado mucho tiempo intentando imitar lo que hacía él, buscar igualarlo y eso no está bien. Entonces elegí la otra opción, la de la diferencia. Bueno creo que hice mi camino, y que pese o no pese depende en todo caso de hacer o no hacer un camino. Yo siento que lo hago y sigo haciéndolo ¿no? Igual tengo un profundo respeto por él como artista y como creador.

Usted, como compositor, más allá de que tiene una vocación por las versiones libres, siempre procuró respetar las formas y los estilos…

Sí, a veces siento que estoy preso de esas formas. A veces me gustaría que vuele la idea musical más allá de las formas. Pero bueno, también para eso hay que trabajar mucho y encontrar un tiempo libre para la creación y hacerla con más calma y no así casi abruptamente, en los pocos ratos libres que uno encuentra. Porque en mi caso yo viajo, toco, doy clases y la composición termina siendo como una descarga casi compulsiva de un rato libre. Me gustaría ensayar otro tipo de caminos, pero tampoco me disgusta trabajar sobre las formas porque me parece que es una manera de adoptar un lenguaje colectivo.

En cuanto a su vocación docente, a la hora de enseñar ¿qué es lo que le parece más importante transmitir a sus alumnos, en cuanto a la interpretación y a la composición?

Yo no suelo tener muchas reglas ni para crear, ni para tocar, ni para improvisar. Más bien, por ser tan espontaneísta, carezco de reglas digamos. Entonces me resulta difícil transmitir eso. Yo creo que lo más importante que uno puede transmitir es la pasión por la música, un modo de vivirla a la música. Que se expresa sí, en las composiciones y en el modo de tocar y de incorporarla al mundo emocional de uno.

En algún momento usted describió a la guitarra como un instrumento capaz de transmitir emociones y contar historias, ¿qué significa en su vida su relación con la guitarra?

Significa mucho más que un instrumento para hacer música, es mucho más que eso. Casi, casi es un salvavidas en mi vida. Me ayudó a sobrellevar situaciones muy difíciles que he vivido y es un vínculo muy sentido.

¿El estar permanentemente atado a la raíz folklórica fue más una elección personal o tuvo que ver más con su historia de vida y cómo esa música lo marcó a usted?

Nunca pasó por una racionalización, ni por una planificación, ni nada por el estilo. Simplemente surgió. Yo creo que podría haber tenido esta música y adoptado otro lenguaje, si hubiese sido más disciplinado con los estudios, porque me gustaría mucho tocar en la guitarra, la música que tanto placer me provocó escucharla, como la música barroca, renacentista, clásicas en general, y las hubiese adoptado sin dudas, pero la cosa fluyó de ese modo. Mi vida fluyó de ese modo y bueno, hoy no me quejo, porque si no uno se transforma en su ser insaciable y eso es muy angustiante, porque son tantas las posibilidades de la música, de los sonidos, de las creaciones, es un universo infinito creo. Está bueno conformarse con lo que uno va haciendo en la medida que hace.

Usted aprendió a tocar “de oído” y no tuvo una formación académica. Si tuviese hoy que aconsejar a un joven que se inicia, ¿qué le recomendaría a la hora de formarse?

Insistiría en que se miren en Juan Quintero, eso es lo que haría. Para mí es la expresión que sintetiza el talento con el estudio. El conocimiento con la capacidad creativa, una síntesis. Juan para mí es un faro que alumbra, es una persona y un artista que hay que mirar y de hecho está ocurriendo.

En cuanto a los reconocimientos y los premios que ha recibido, ¿hay alguno en particular que haya sido más significativo para usted?

Ningún premio vale tanto como la satisfacción de sentir que uno ha compuesto una buena zamba que gusta al que la escucha, ése es el premio. Ni siquiera es el aplauso. El que una obra llegue, emocione al otro y tenga posibilidad de trascenderme a mí mismo, esa sí que es una recompensa a tanto camino andado. Es lo que más quiero, lo demás no me interesa demasiado.

¿Hay algo en particular que lo inspire a la hora de componer o eso va variando permanentemente?

Nunca lo pienso, pero sí es una emoción, siempre hay una emoción. Creo que hay una relación entre la capacidad de emocionar de los sonidos que es difícil de describir o de explicar pero que es real.

Con respecto a su relación con la música, ¿cuáles son los momentos que más disfruta, el reunirse con amigos y que se arme una zapeada ahí? ¿o prefiere la relación con el público desde el escenario?

No importa si es desde un escenario o en una reunión, siempre hay algo como para que me guste mucho y es esa comunión que establece la música entre uno y el que escucha. Cuando eso ocurre, me siento muy bien, me siento con la misión cumplida como artista.

Testigo

Compañeros de ruta

Neuquén > El clima de encuentro y comunión que se vive en cualquier reunión de amigos en la que surge una zapada, como un hecho completamente natural, fue el que pudo respirarse en el Cine Español, el pasado viernes, cuando Juan Falú y Juan Quintero hermanaron sus guitarras y sus voces a lo largo de dos horas se show. En “Tal para Juan”, nombre que eligieron para este espectáculo, estos dos grandes interpretes llevaron al público en un recorrido entrañable por composiciones propias y otras tomadas de más profundo de su memoria musical, de las veladas compartidas en su añorado terruño tucumano.

La sola aparición escénica de los músicos fue suficiente para que los presentes los recibieran con un cálido aplauso de bienvenida y, sin mediar palabra, comenzaron a despuntar juntos “El Cañaveral”. Luego Quintero saludó al público y explicó que, si bien tenían el repertorio elegido para la noche, el orden no estaba determinado, entonces consultó a Falú cómo seguiría el orden, a lo que éste respondió con un contundente “voy a tocar” y eso fue lo que hicieron, en solos, dúos, cantando o haciendo gala de una destreza única al deslizar sus dedos por el diapasón.

A lo largo de la velada, algo que quedó claro es la admiración y el cariño que une a esta dupla de Juanes que con la calidez de sus melodías y la familiaridad en su trato con el público, lograron convertir al teatro en una suerte de gran reunión de amigos. Falú aprovechó la oportunidad para presentar una bellísima zamba que le compuso a su compañero escénico, a quien instó a devolverle la gentileza en poco tiempo. En el tramo final del show, los artistas despuntaron varias creaciones del recordado poeta Pepe Núñez, con el sentimiento de quien desea rendir homenaje a un referente admirado y querido, a quien se recuerda con mucha alegría.

Y así entre zambas, canciones, vidalas y chachareras el tiempo voló para todos los presentes, que no ocultaron sus deseos de extender el encuentro de forma indefinida, pero como siempre llegó el tiempo de la despedida, que más que un rotundo “adiós” fue un esperanzado “hasta siempre”.

Fuente y Fotos: Diario La Mañana, Neuquén.