“Jugar con nuestras ideas musicales”

Dúo. El guitarrista toca hoy con Marcelo Moguilevsky en ciclo de la Universidad Católica.

Capilla San José del Manga, Jacksonville. Ruta 8, km 17. Queda lejos, cierto, pero su belleza arquitectónica y la fuerza de dos nombres, Juan Falú y Marcelo Moguilevsky, son imanes que pueden, sin esfuerzo, doblegar la pereza ciudadana.

Así, efectivamente, la distancia vale su recorrido: espacio, arte y música, nuevamente convocados, hoy, 19.30, por el ciclo de conciertos de la Universidad Católica, y, como en eventos anteriores, con entradas gratuitas.

Los nombres: Juan Falú y Marcelo Moguilevsky. Uno, el primero, un sabio tucumano, con trayectoria de décadas -y larga lista de grabaciones, y canciones de notable factura expresiva y formal- en la música popular, que lleva en sus manos, en su sonidos, en sus guitarras, los sedimentos de los saberes tradicionales, catalizados con la sensibilidad para hacer de ellos algo nuevo y vital. El otro, también primero -porque éste es un dúo sin segundos ni acompañantes- y también argentino y virtuoso multiinstrumentista: canta y toca el saxo, clarinete, flauta, armónica.

El imán sonoro: ambos artistas volverán hoy sobre los repertorios de los dos únicos discos que grabaron como dúo; dos títulos de vieja data, Improvisaciones y Semitas, pero siempre fundamentales, en los que habitan Atahualpa Yupanqui, Ariel Ramírez, Hermanos Núñez, Piana, Villoldo y el propio Juan Falú. “Con Mogui (Moguilevsky) nos conocemos desde 1985″, cuenta Falú. “Y claro, esos son los nombres de los dos discos. En realidad la propuesta es la misma: hacer un repertorio de folclore, que está basado en versiones libres. Y son realmente libres, porque, entre otras cosas, nosotros nos juntamos cada vez que nos invitan a tocar; o sea, no tenemos una relación de ensayos constantes, regulares. Es una relación que se dio así en nuestras vidas artísticas: espontánea, afectiva”.

Por eso “confiamos tanto en nuestra comunicación sobre el escenario. Muchas veces uno espera la señal del otro, una nota, y a partir de ahí se arma la versión de ese tema”. Confianza asentada, claro, “en una relación de gran afecto, de muchos años, a pesar de que hemos grabado sólo dos discos y con un paréntesis de unos nueve o diez años entre uno y otro. Pero el vínculo es igualmente fuerte”.

Así, también, es posible la libertad: pieza clave en esto de improvisar. Para ello, recalca el creador y virtuoso guitarrista, “ayuda mucho sujetarse a las formas musicales. Es una ventaja que hay que aprovecharla bien, estableciendo un equilibrio entre sujetarse a una estructura determinada y, dentro de ella, desarrollar la libertad”.

Las formas tradiciones, folclóricas, son, justamente, ese marco-soporte para la sujeción inteligente. “Las zambas, las chacareras, los gatos tienen una forma asociada a sus coreografías. Entonces, eso permite que encontremos algo para agarrarnos y que la idea musical no se desbarranque. Pero dentro de ese juego siempre hay un modo muy libre de transitar”. De esa forma, “lo nuestro se vuelve un modo de hacer sonar diferente un tema, una canción, que ya hemos conocido, sin mayores fórmulas ni planes. Es solamente jugar con nuestras propias ideas musicales. Uno puede ser muy criollo, muy tradicional, en determinados pasajes y muy transgresor en otros. Pero lo que hacemos es simplemente dejar que surja la musicalidad, y es el escucha quien tiene que dar el veredicto después”.

Esa libertad de composición-interpretación, un binomio indisociable, esencial, en la música popular, hace de este dúo una experiencia similar a las que Falú ha tenido y tiene, sin plan de mercado ni urgencias de la industria, con Liliana Herrero, Chito Zeballos, Hilda Herrera. Dúos que resultan potentes a la vez que virtuosos, fundados en el diálogo a partes iguales: “No en el que uno canta y el otro acompaña, sino en una formación en la que se teje de a dos la idea musical”.

La tradición musical asumida con libertad

Contra toda predisposición a ver y escuchar) las músicas tradicionales como fenómenos petrificados, Falú y Moguilev-sky hacen de sus instrumentos, creatividades y pensamientos un ejercicio de libertad: la oportunidad de crear, sin más freno que las ideas, desde formas que vienen custodiadas por la oralidad desde tiempos siempre incalculables.

Mogui, como le dice Falú a su colega, viene con las experiencias del klezmer, de las zambas, chacareras y otros géneros populares pero argentinos, con los que ha dejado piezas para discos con diversas formaciones, para giras por las tierras arriba del Ecuador, para el cine, el teatro, también la danza. Virtuoso, carismático, torrencial en sus ideas, y contenido también en sus realizaciones. En fin, tremendo músico.

Falú, conocido y admirado por estas tierras; un apasionado investigador sonoro, inteligente guitarrista. En fin, un tucumano que, además de heredar un apellido vuelto ilustre por su tío, Eduardo, ha hecho de su música un embrujo para la escucha y un homenaje a la búsqueda no academizable. “Mis estudios”, dice, “fueron informales. Fueron a partir de mirar, de copiar, de imitar, de aprender hablando y tocando con otros. En lo que sí tengo un vínculo fuerte con lo académico es como docente. He creado una carrera de música popular argentina en un conservatorio muy importante de Buenos Aires, que es el Manuel de Falla. Ahí sí me interesa juntar lo mejor de ambos mundos, el popular y el académico, eso le hace bien a los dos campos”.

Fuente: El País, Uruguay. Por Alexander Laluz