Juan Falú o las “técnicas de astrónomos muleros…”

Conversábamos cansinamente tranquilos, contentos de reencontrarnos, hijos, sobrines, amigues, yo sin querer sacar demasiado la cuenta, él haciéndola sonar en tintineo…así hablamos de Daniel Moyano, de su voz, del dibujo para uno de los discos de Juan y Ricardo, músico, hijo de Daniel.

Fue todo uno, entrar arrimándonos y pidiendo permiso a los que ya estaban, músicos, cantantes, bailarines, escuchar casi nada de la presentación y ya acomodadas como pudimos, levantar la vista y mirarlo sonriendo de costado en una anécdota, luego seriosisimamente empeñado en una pieza musical clásica.

Y allí estaba, abrazado a la guitarra y era Fábulo Vega, urdiendo otras maneras de reapropiación de la memoria, subiendo a esa sierra ondulada con su música como diccionario, una vez más no se puede descifrar ese poder. El que nos reúne entre travesías varias a quienes viven aquí o van y vienen del lado de allá intentando ser más oídos, más ojos. Mientras el cuerpo se nos va de sí sin desplazarse de su ser, abandonado a los sonidos, atravesándolos y permitiéndose ser apenas ondas puramente sensitivas.

Se ha formado un diálogo que nos mantiene atentos y en silencio, compañeramente expectantes a la nota que viene, al rasguido de un ay, a canciones de oración, y “esa que tiene un montón de palabras que no se entienden, quichua, qué se yo…”.

De la mano delicada y la voz grave andamos por tambores gitanos que hablan de algarrobos, hacia las más profundas de corte vallisto, tan cercanas y tan ajenas. El misterio de la altura, el ocultamiento, el silenciamiento, la expulsión puso a vivir sin rasgos aparentes de lengua a esta gran región de la luz más transparente.

En el equilibrio vienen las zambas, tejidos de orfebre donde suena el amor como celebración y en su no-presencia, “que te quede de mí la ternura, como resolana debajo la piel”.

Cómo , de qué manera un guitarrista y cantor se apropiaría de los ritmos, los tonos ,el pulso de una región sino para enseñarlos, mostrarlos y compartirlos? Qué colisión de astros, qué golpe de estrellas, qué aire de respirar encontrarlos juntos y ya no saber cuál es cuál , Juan Falú-Fábulo Vega…”que lo diga el río”…

 

Escritora: Graciela Córdoba, enero de 2019, sobre recital de Juan en La Minerita, Unquillo.