Juan Falú en comunión con la música

El guitarrista tucumano regresará el próximo sábado a Roca. Antes del recital habló con “Río Negro” sobre su música, que transmite en sonidos llenos de emoción; qué es para él ser artista hoy en día y la recuperación de los restos de su hermano.

Por Eduardo Rouillet 12/04/2017- “Río Negro” Argentina.-

Juan Falú en comunión con la música


En una entrevista publicada en el “Río Negro” hace casi siete años el guitarrista Juan Falú precisó que “para que la expresión ocurra, debe suceder la unión con el instrumento, entonces, sobran las palabras porque basta su sola percepción. En el circuito de comunicación de uno con la guitarra, sería más certero decir que es de comunicación con la música. Obviamente, incluye al instrumento que la emite y yo toco. Pero es con la música…”.

Ahora, antes de regresar a Roca para ofrecer un concierto el sábado próximo en el Cemar, amplió ese aquel concepto y en una charla con este medio consideró que “se trata de una premisa fundamental. De tal manera que si no se da esa condición primera, de comunión con lo musical, es bastante difícil que se establezca la comunicación de uno y de su música, con quien la escucha”.

“Ahora, también es cierto que en esa transmisión, uno no expresa con palabras, ni con signos objetivos lo que siente, pero transmite sonidos llenos de emoción y del misterio que definen a la música como algo que tal vez sea misterioso por lo que sugiere. Y es seguro que, aunque uno sea claro en el mensaje, como hablamos de notas llenas de emoción y por lo tanto de subjetividad, es muy probable que esa música sea interpretada y recibida por cada uno que la escucha, como un universo diferenciado del otro. Es algo curioso, en un punto enigmático, por lo tanto muy difícil de definir. Yo ya entro a dudar si estoy aclarando u oscureciendo, porque, en realidad quiero decir que es muy sencillo y muy básico el principio fundamental de la comunión primera de uno con lo musical”.

P- Dijiste además que se recorre un camino, que se debe caminar mucho para alcanzar un estatus de artista. Hoy, basta con salir un par de veces en televisión o colgar un videito en internet para ser llamado como tal…

R- Yo creo que, efectivamente el camino es importante, que hay que recorrerlo, está lleno de obstáculos y que el crecimiento y la maduración es poder convivir, sortear, vencer o no los obstáculos, y seguir andando. La idea de trayectoria, cuando se habla de un artista o de cualquier persona que ha alcanzado metas para tener alguna significación en otros, es la del camino y se opone a la de la brevedad, de que es posible realizarse con modos efímeros. Cuestión cultural seguramente promovida por el mercado porque lo efímero garantiza consumo rápido para pasar de inmediato a otra cosa consumible. La brevedad, el vértigo, la velocidad, son todas cualidades asociadas a una imposición cultural de muchos años a esta parte, que incide en el arte. Asistimos a una generación de artistas casi de prepo, que aparecen, son promovidos y vendidos como estrellas fulgurantes, pero tan fugaces que representan esa estrategia del consumo.

Es peligroso y preocupante porque consumir anula el desarrollo de la sabiduría individual y colectiva. Si yo traslado el consumismo a la conciencia política y social, me preocupa mucho porque el sistema que promueve esta estrategia del mercado, está convencido de que con un consumo básico y si es posible, mejorado, se asegura encorsetar las conciencias colectivas. Se consolida una adaptación del hombre y las sociedades a su sistema. Y eso en el arte se manifiesta muchísimo, es una idea de vértigo y brevedad asociada también al criterio de éxito. Cuando se impuso que ser artista es un camino al éxito, breve, se empezó a banalizar el arte, a adoptar esa idea por parte de muchos artistas y crecieron los desvelos por aparecer en tal festival o en otro, por estar en tal programa, por producir rápido un demo, más rápidamente un disco, ocupar inmediatamente un escenario… Justo lo contrario a transitar un camino a largo plazo.

De todos modos, estoy seguro, hay un segmento de la población artística nacional que tiene un enorme talento y un posicionamiento ideológico muy firme, que da margen para el optimismo en tal sentido, y no entra en esa estrategia. Generalmente, son los que, a mi juicio, hacen la mejor música, mejor poesía, mejor arte. También existe.

P- La música es imprescindible a la hora de restablecer la identidad y fortalecer la memoria, recuerdo tu frase… En el campo de la memoria, el 7 de julio pasado, gracias a un trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, tu familia recuperó los restos de tu hermano Lucho (Luis Eduardo, secuestrado por la última dictadura militar el 14 de septiembre de 1976, cuando tenía 25 años). A él le escribiste “Vida la de Lucho”.

R- Fue una circunstancia fundamental en nuestras vidas, la de todos los hermanos, la gente que quiso a Lucho, sus amigos, sus compañeros. Porque fue sanadora. Pero, cuando uno dice esta palabra, lo primero que se le ocurre para representar la sanación, es que lo pudimos enterrar y ponerle una flor.

No es poco, sobre todo cuando uno que jamás tuvo en su agenda, ir a un cementerio. Estoy hablando de mí… Fui una vez cuando volví del exilio (en Brasil) para saludar a mi padre en su tumba, que había fallecido en ese tiempo. Después, nunca más. Volver con los restos de mi hermano, fue… Bueno, un poco antes (diciembre 2015) había estado porque murió otro hermano mío, muy querido, gran tipo y político decente y con coraje. Estoy hablando de Ricardo Falú, del diputado nacional que llevó adelante el juicio político a la Corte menemista y terminó siendo marginado y, yo diría, ninguneado por el gobierno de entonces porque le habían pedido que salvara al último juez que quedaba por juzgar, Antonio Boggiano, y mi hermano sostuvo que no podía incurrir en una incoherencia tan patética, salvando a uno de sus miembros, siendo que había juzgado a toda la Corte.

A mediados del 2016 se recuperan los restos de Lucho. Enterado de la noticia, avisamos a nuestra madre después de una discusión entre los tres hermanos que quedamos.

Decidimos que debíamos avisarle, a sus 99 años, porque era justo que supiera, sabiendo que esa noticia podía acelerar su despedida de esta vida. Había que decidir y lo hicimos para permitirle conocer que su hijo estaba en un lugar y pudiera despedirse con esa tranquilidad, entre comillas, que quien sabe cómo la habrá vivido. Bueno (se recompone de a poco Juan), lo cierto en que mi madre se fue al día siguiente de encontrar los restos de Lucho. Se enteró y partió. Muchas situaciones se condensaron en esos dos, tres días de julio, incluyendo la del cementerio que fue realmente sanadora porque juntó a la gente querida, la memoria, el amor, las banderas… Fue muy emocionante. Se concentraron el reencuentro con el hermano desaparecido, la despedida de la madre, llevar sus restos el 9 de julio, cuando en Tucumán se celebraba el Bicentenario de la Independencia. Íbamos a contramano de la circulación hacia los desfiles en el centro… Iban abriendo las vallas –porque la ciudad estaba vallada– para el cortejo fúnebre que avanzaba en dirección contraria a los festejos.

Esa imagen la tengo registrada para siempre y me permití definirla como que la patria que circulaba por el centro de San Miguel, ese día, era un tanto ajena. Para mí, la patria era Lucho… Andar a contramano de los festejos oficiales, fue casi una metáfora de toda mi vida y la de muchos como yo. Tal vez, de parte de una generación. Ir a contramano pero con conciencia, con convicción y orgullo.

P- ¿Cómo incide todo esto en tu música?

R- La música que hago se va alimentando de estas situaciones y no es un ejercicio que pase por el pensamiento. Que responda a una planificación. Yo no me propongo hacer música con tal sentido o significado. A lo mejor, eso se ve facilitado en la canción porque tiene letras que se cantan, y ellas dicen lo que uno de propone expresar. Pero la música solo puede decir si está alimentada por las vivencias de quien la hace, que terminan incidiendo en el modo que uno la hace, la toca, la transmite y comparte…

La identidad y la memoria están presentes en mi obra, aunque no esté en palabras que aludan directamente a esas cuestiones. Tal vez, por no disponer tanto de ellas como puede hacerlo un cantautor como León Gieco, Jorge Marziali, o las y los cantantes que asumen repertorios que eligen y por lo tanto las palabras que quieren decir. Cuando no se tiene esa herramienta y se está solo con el instrumento, es muy interesante, muy grata también, profunda y sutil, la sensación de que uno expresa sin palabras. Habla de la memoria, defiende una identidad… Por eso la música es asombrosa.

La identidad es un tema que preocupa y específicamente en lo musical, porque hay una invasión sonora. Yo no tengo miedo en volver a usar colonización, enajenación, que utilizábamos en un momento de la historia, porque efectivamente la música, así como es asombrosa y esencial, tiene otros filos y puede ser altamente estupidizante. Con ella se están invadiendo todos los espacios y todos los momentos.

“La brevedad, el vértigo, la velocidad, son todas cualidades asociadas a una imposición cultural de muchos años que incide en el arte”,
analiza el director del festival Guitarras del Mundo.

Maestro de la guitarra
Compositor y director

Guitarrista y compositor de música orgullosamente argentina, las obras de Juan Falú integran el repertorio de instrumentistas de diversas latitudes y fueron editadas, grabadas, en veinticinco registros.
Músico de formación autodidáctica, el tucumano fue becario del Fondo Nacional de las Artes, profesor Titular de la Cátedra Formas y Ritmos de la Música Argentina (1989-2003) y coordinador académico de la Carrera de Tango y Música Folclórica (2003-2011) en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla.

“La identidad es un tema que preocupa y específicamente
en lo musical,
porque hay una invasión sonora”,
siente el artista que no le teme a las transformaciones.