Juan Falú: “el arte contiene la opción por la verdad” – La Gaceta

RECONOCIMIENTO


 

La Gaceta.- 16 de Junio 2015

El guitarrista y compositor tucumano recibirá hoy el Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Martín, donde es docente.

recibirá hoy el Honoris Causa

ENTRE DOS PUNTAS. Según Juan Falú, “la chacarera es la fuerza y la zamba, la melancolía”. la gaceta / foto de analía jaramillo

Juan Falú habla pausado, con el ritmo del viejo Tucumán; piensa antes de decir cada idea y medita toda respuesta. No lo hace desde la pose artificial de un artista consagrado, que bien podría asumir por los méritos acumulados, sino desde la madurez de quien repasa su vida y su obra frente a acontecimientos únicos que enfrenta.

El eximio guitarrista y compositor estuvo de paso por Tucumán para visitar a su hermano, el político y abogado Ricardo Falú (afectado de una grave enfermedad), lo cual lo conmueve especialmente. Tanto como lo que vivirá esta tarde, cuando reciba el título Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Martín, de la cual es docente, por “su extraordinario aporte musical que, inspirado en las raíces culturales, contribuye a la construcción de nuestra identidad nacional”. Dos extremos de una realidad que lo tiene entre sacudones emotivos a los 66 años.

“Atravieso situaciones muy fuertes: por un lado, un gran homenaje a mi labor que tiene una enorme vitalidad; y por el otro, dolores profundos. Son episodios que te llevan a un repaso de la vida y para mí es una obligación hacerlo en esta instancia”, reconoce en su visita a LA GACETA.

– ¿Es tu primer reconocimiento académico?

– Sí. Recibí algunos premios y reconocimientos desde el sector musical, pero no desde lo académico. Aunque también recibí algunos cascotazos.

– Todo el mundo artístico te reconoce como una persona de bien…

– No lo veo como un mérito. Los Falú fuimos criados desde la cuna con valores fuertes, que se transforman en verdaderos estandartes de vida. Habría que aspirar a que lo natural sea portar valores; así nació la ética y las reglas de convivencia.

– ¿Ser coherente con los valores tiene un costo?

– Personalmente pagué algunos costos por expresar algunas ideas. No me refiero al que pagó nuestra generación con la represión por haber tenido ideas, expresarlas y actuarlas. Es muy conocido y fue muy caro. Hablo de cuestiones más recientes, de polémicas en torno a ciertos temas. No me resulta cómodo que se asocie toda entrevista que me hacen como artista con mi condición de militante político. A veces me da hasta vergüenza, no por haber militado como algo natural y generacional, sino porque surja la idea de que eso implica un plus, algo adicional a los valores que uno tiene. Mi caso, en algún sentido, fue de mucho menor padecimiento al de los compañeros que sufrieron cárcel y muerte.

El músico no lo dice, pero en este último grupo, en el de quienes ya no están, figura su propio hermano Luis Eduardo “Lucho” Falú, detenido desaparecido en setiembre de 1976. El guitarrista se debió exiliar por años en Brasil hasta que pudo volver a la Argentina, ya en democracia.

“No presumo de mi condición. A veces se genera una especie de admiración; no sé qué fantasías de lo que éramos aparecen en la cabeza de quienes no estuvieron en ese tiempo. Nosotros tenemos la obligación de eludir toda especulación al respecto. No podemos ponernos la vestimenta del heroísmo, sino la del compromiso ideológico natural e histórico por haber sido parte de una oleada de pensamiento mundial”, precisa.

– ¿Sentís que la actual generación tiene valores?

– Sí. Durante mucho tiempo no se canalizaron en un accionar ideológico, pero ahora sí porque se recuperó la confianza en la política. En otras décadas se sublimaba por el lado del arte, que siempre contiene una opción por la verdad. Quien se vuelca al arte, necesariamente se compenetra de valores sobre lo que es mejor dentro de una sociedad, de ansias de libertad y reclamos de Justicia.

– Agrego a esa lista el compromiso con el otro, atento al sentido colectivo del arte.

– Claro, totalmente. Aunque el artista produzca en soledad en su etapa de creación, su trabajo tiene una proyección social.

– Se te menciona como un hombre muy generoso.

– Si la tengo, bienvenida sea; pero más que generosidad tiene que ver con mis obsesiones, como reivindicar determinados aspectos de la cultura. Tengo una tozudez que no me la va a sacar nada ni nadie para reivindicar el país de las entrañas. Cada vez que tuve posibilidades generé algún tipo de espacio, de capacitaciones y de programas artísticos.

Culturas regionales

Falú es tucumano de pura cepa, “aunque me fui de Tucumán hace 40 años”. “Soy un tucumano en Buenos Aires -se define orgulloso- que quiere seguir valorizando las culturas regionales argentinas. Estoy empecinado con este objetivo”.

– Familiarmente estás viviendo un momento muy complejo.

– Con Ricardo estamos hablando ahora más que antes. Quiero compartir con él la situación que vive, porque es una persona de gran entereza. Nos llevamos poco tiempo de diferencia, apenas un año y pocos meses, y en las charlas de repaso de la vida siempre se nos aparece la cuestión de la cuna, de los valores que nos imprimieron. Tuvimos los mismos maestros, en especial un seminarista salesiano que me marcó mucho.

– ¿Quién era?

Juan Walter. Junto a mi padre, fue la persona que me enseñó el lado ético de la vida. El destino quiso que nos reencontremos muchos años después, y nos veíamos un par de veces por año. Él era pianista, y su partida, hace unos tres años, fue dolorosa para mí.

– Habiendo pasado por tanta vida, ¿cuál es la identidad de tu música?

– Es una guitarra con pertenencia, no está despojada de raíces, tiene una tónica en especial y cuenta historias. Y ahora, sin proponérmelo, estoy traduciendo mi vida. Si suena con cierta melancolía, es un componente de mi vida, asociada a ciertos dolores y tristezas. Pero al mismo tiempo uno está vivo, tiene capacidad de seguir creando y resistencias que les permiten estar de pie. En Brasil se habla de “saudades”, que es muy difícil de traducir, pero es un sentimiento que tenemos todos: una tristeza que contiene mucha vitalidad, que exorciza muchos demonios internos.

– ¿No son extremos que se repelen?

– No. Siempre toco chacareras y zambas. Es probable que la primera sea la fuerza y la segunda, la melancolía. Siento que siempre estoy yendo a algún lado, pero no sé hacia dónde. Será porque tengo metido en la médula el mandato de que hay que llegar muy lejos; porque tengo conciencia de que aún no hice todo lo que quiero, o por la propia angustia que genera la posibilidad de crear. Tengo algunos comportamientos entre tiernos y ridículos.

– ¿Qué es lo pendiente?

– Tengo siempre un atril vacío y un alto de partituras de las obras de Johan Sebastian Bach. A veces las pongo en el atril, porque todavía alimento la esperanza de ponerme a estudiar Bach; está en el debe, en lo que falta. Puede ser un mandato familiar, pero no tengo tiempo. Es mi metáfora.

– El año próximo habrá un nuevo Gobierno. ¿Te preocupa la futura política cultural?

– Siempre me preocupa y desde hace mucho tiempo, independientemente de la coyuntura. Es una asignatura pendiente de los políticos. Hay buenos gestores en la Nación y en las provincias, pero se deben definir objetivos de mediano y largo plazo, que no estén encerrados en la inmediatez. Se debe tomar el tema cultural como un valor estratégico, con la creación de consejos de notables de las provincias.

– ¿Qué músicos estás escuchando ahora?

– Desgraciadamente no tengo disciplina para escuchar música, porque la hago todo el tiempo. Lo que más escucho es a los jóvenes en el ámbito de la docencia, y hay muy buenos. En cada viaje me dan discos y los oigo en el estéreo de mi 504 mientras me traslado. Mi vida es una locura de cartón lleno, trabajo 14 horas por día y eso me preocupa porque no es saludable. Es necesario escuchar la música que a uno le gusta.

– ¿Qué consejo le darías a quien empieza en la música?

– La primera es que no se apure en lo artístico. Que presentarse ante un público en un escenario o tener un disco llegue como resultado de la maduración. Es mejor que sea una opción de vida y que de allí surjan los caminos que uno quiera andar. A los jóvenes les veo mucha premura, pero respeto el ejercicio de su propia libertad.

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