“Juan Falú dio una nueva catedra en Circe”

Grupo LaProvincia.com (Télam).


Al autor y cantante Juan Falú le alcanzó y sobró con su guitarra para trazar los puentes que la música de esta parte del mundo es capaz de abrazar en un tránsito, donde la herencia, la libertad y el talento se conjugan como testimonio y belleza, en un recital brindado anoche en la sala porteña Circe.

Lejos de cualquier artificio, acompañado por una botella y una copa de vino tinto, y apelando también a su canto cavernoso y envolvente que incorporó hace poco más de una década como elemento expresivo, el artista, de 70 años, dio una nueva muestra de su maestría.

Ante una sala completa y en venerable silencio, el arreglador y formador tucumano regaló casi dos horas de música donde la naturalidad y el buen gusto permitieron el disfrute con la tradición pero, también, con la novedad, el guiño o el fraseo imprevisto gracias a sus impactantes dotes como instrumentista.

“Viene bien tocar en verano a sala llena”, comentó hacia el final de un concierto, donde apelando a abundante obra propia combinó clásicos de su repertorio con piezas nuevas que, adelantó, va a grabar en el febrero con vistas a un nuevo disco.

La apertura, tras desearles a los asistentes “el mejor año posible” y, se incluyó, “desearnos el mejor fin de año posible”, fue con la sobrecogedora zamba instrumental “La taficeña”.

“La zamba es el mayor vehículo para una comunión”, postuló sobre aquella decisión inaugural, y enseguida encaró una versión muy libre y mágica de la tradicional chacarera “La vieja”.

La primera intervención cantada (“ahora que me dedico a cantar tengo que usar atril”, bromeó), fue para recordar a su amigo y compañero Jorge Marziali (fallecido en julio de 2017) con quien compuso “Milonga del desocupado” y, luego, en otra obra compartida, asumió la cueca “La de Khayyam”.

En otra evocación a compadres de creaciones e ideas alcanzaron a Pepe Núnez con “A puro fierro”, que entonó con emoción, en medio de un viaje sin pasaportes por la cueca norteña “Yo me voy”, la canción “Ayer es siempre” o miradas muy personales sobre “Algarrobo, algarrobal” y “Alfonsina y el mar”.

Ese mapa sonoro capaz de incluir una guarania propia, tributar a Gustavo “Cuchi” Leguizamón y estrenar la “Zamba para la Natalia” (con texto de Teresa Parodi y que formará parte del próximo álbum), no excluye sino que integra el gesto académico, la improvisación y el diálogo con expresiones sonoras diversas.

Ese bagaje, que es marca registrada de Falú y que se reafirmó sin alardes en su primera presentación en esa sala del barrio porteño de Palermo, no solo lo define artísticamente sino que ha forjado una escuela que alcanza tanto a músicos como a oyentes y que tuvo su broche con la descomunal “Zamba del arribeño”, que compuso con Néstor Soria.

Télam.-