Juan Falú a Jorge Marziali

Desde hace más de 30 años vino entrando a nuestra casa con la costumbre de siempre: traerse a cuestas las entrañas de su tierra y desparramarlas en forma de canciones.

 

Y ahora me pregunto, ¿quién vestirá esta cocina con tonadas? Quién habitará los desvelos propios y ajenos con poesía y guitarra? 
Sé que siempre están esos habitantes, pero este Jorge que se fue nos deja muy machucados. Al instante mismo de la peor noticia, ya estamos extrañando su próxima canción.

 

Hay que vivir estas ausencias para darse cuenta de lo que significa encerrarse tantas horas de tantos días, para alumbrar un texto, un sonido, para poder decir “tengo un temita nuevo” y hacer, casi sin querer, una escuela de la memoria, de la estética, de la justicia social, del amor,  de la esperanza.
Mucha vida Jorge querido, pura vida. Buena partida, mi amigo, en esa Cuba que es bandera.

 

Tengo que tratar de imitarte, imaginándote duro y silencioso ante la peor de las noticias. Y parar de llorar. Tengo que aprender de tu hija Amaqui, que me acaba de decir serena y firme “el viejo se ha ido en su ley”.
Hace un rato miraba la lluvia sobre este patio trasero que te tuvo de huesped, siempre escanceando, siempre escanceando. Recordé la primera copla de nuestro primer tema Del Buen riego: “puede venir la lluvia/como ella quiera/para mojarme el alma/no tengo fecha.
Y anoche me dí el gustazo de mostrar nuestra Tonada de antiguo ruego, la que terminamos hace un mes en Mendoza, en medio de las 100 empanadas que hicimos y de la charla jocosa sobre nuestros triglicéridos.

Ya sabemos cómo sos, Jorge. Que se caguen los triglicéridos, que a pura vida viviste, como un trotamundos vernáculo visitando toda la tierra que te inspiró y siempre alejado de los favores mediáticos.

 

Y a pura vida te venías comprometiendo para alumbrar la conciencia social frente a este desajuste de la historia que nos hace padecer a un imbécil en la casa rosada.
En tu ley te fuiste.

 

Quiero agradecerte por siempre que me hayas renombrado desde mi humilde nombre, casi escondido atrás del prepotente apellido. Ese es mi amigo, el que me nombrara Juan como otros Juanes. 
Te quiero decir en lenguaje tucumano lo que diríamos después de unos vinitos fraternos: que se caguen, Jorgito.

 

Que se cague el mundo indiferente, el que no canta buenas canciones, el que vota a gente fea, el que no llora con su gente, el que no sufre su tierra. Aunque sea hoy, por un rato, que se caguen. Ya habrá tiempo para recuperar la tolerancia, ahora que tenemos que meternos en la campaña.
Se nos ha ido Marziali y a levantar sus canciones. A multiplicarnos en miles de Jorges denunciadores de esta inmundicia que vivimos.

 

Te abrazo hermano. Abrazo a Mariana, Amaqui, Emilio, al Simón, a las madres de tus hijos, a la Marita.
Y nos abrazamos todos en tu honor, desde el centro de gravedad cuyano hasta todos los rincones de esta patria que tanto amaste.
Ya te estamos extrañando.

 

Juan Falú.-