«Gracias Juan…», por Hilda López

Gracias Juan…
¿Por qué Juan Falú es tan grande artista?. ¿Por qué lo siguen tanto los jóvenes?, ¿por qué lo respetan tanto los no tan jóvenes?.

Falú está integrado al universo de la creación permanente. Cada pieza que toca es única, aunque la haya tocado cien o mil veces. En cada ocasión está su vena creativa. Una zamba (ritmo que lo enamoró para siempre evidentemente), cobra la altura de un sonido que pudo ser captado desde el útero de la tierra hasta el de una mujer con horizonte de campo en siembra.

Falú interpreta lo que siente porque siente al poeta. Es parte de ese poeta que elige para decir su gigantesco compromiso, sin vueltas, con un destino inclaudicable: la guitarra que habla del paisaje, del hombre y la mujer de un país que lleva adentro en serio.

No hace demagogia, no tiene discursos efectistas. Dice mirando a los ojos lo que piensa, será por eso (tal vez) que una polémica o debate que puede despertar, siempre es un aporte rico, generoso hacia una cultura que está sacudida por las contradicciones de la mismísima historia.
Se pregunta y pregunta, no especula.

El repertorio de Falú, que se escuchó la noche del domingo 23 de noviembre en La Salteña, reducto necesario de Zulma y Facundo, tuvo el tiempo de un fruto en madurez. Invitó a cantar y tocar a quienes lo desearan, revolvió en el fondo de la sorpresa de los jóvenes hasta hacerlos alumbrar lo mejor que hacen cuando cantan o bailan enlazados en la magia de una canción que los representa, pese a todos los intentos que existen por derrumbar la frontera de su identidad.
Los hermanos Nuñez, Atahualpa Yupanqui, Cuchi Leguizamón, Ariel Ramirez, entre muchos y sus propios temas son un camino de ida, siempre hacia el futuro llevando el bagaje de sus mayores. Repitiendo una y otra vez que se avanza sólo sabiendo desde donde se viene. El «antes» cala hondo para meterlo como flecha hacia adelante, alli donde a cada paso encuentra a los jóvenes que (creo, digo) que será por todo esto que lo siguen tanto.

Juan Falú crece y crece. En su nostalgiosa manera de expresarse hay verdades compartidas desde lo más profundo de su humanidad.

Conocí a muchos grandes, la vida fue muy generosa conmigo por todas las oportunidades que me dio para que mi casa se inundara de músicos maravillosos y compartiera con ellos charlas incansables, noches interminables, mesas amorosas, miradas, manos. Los recuerdo a cada uno, cada momento vivido. Juan Falú es la síntesis de todo aquello y, como su entrega, también por lo que está por venir.

Gracias Juan.
Hilda Lopez 24/11/2014