Entrevista a Juan Falú para ·Música y Psicoanálisis·

Fragmento –  ( junio de 2013) – por Alejandro Hochbaum

 

¿Qué se pone en juego, para vos, a la hora de la creación musical, a la hora del fenómeno creativo de la composición y/o la interpretación? ¿Podrías decir algo de ese singular paisaje/territorio sonoro donde la música sucede para vos?

 

Dejo para el final esta pregunta, de difícil respuesta para mí.

En general, no soy muy amigo de poner en palabras lo que siento con la música o lo que la música significa.

Pero se me ocurre algo.

Últimamente creo músicas que aparecen e, inmediatamente, desaparecen. Son fragmentos, como imágenes fugaces, que no los atrapo porque simplemente me dedico a disfrutarlos. En otros tiempos, esas frases podían actuar como disparadores de una obra entera, pero para que funcionara así, era necesario atraparla, aprehenderla, darle una forma, memorizarla y enlazarla con otras frases hasta armar ese discurso que es la composición acabada.

Ahora simplemente duran mientras suenan. A veces pretendo asirlas pero no puedo repetirlas porque al ser muchas y fugaces, o las agarro en el momento o tal vez nunca.

Me quedo entonces con el consuelo de que, de un modo u otro, esas ideas volverán en un tiempo en que esté más metodizado para aprovecharlas.

Pero, puesto a pensar, se me ocurren algunas ideas.

La primera (vicio de psicólogo que colgó el diploma hace 35 años) es que me reparto en mil pedazos “musicales” (¿acaso sea el “spliting” de  personalidades escindidas?).

Eso me asusta un poco, así que mejor busco otras ideas. ¿Será la expresión del más puro placer, carente de pensamiento, de organización, de especulación?

Eso me consuela, pero no tanto, pues siempre tendré la sensación de haber “desperdiciado” una idea que, en sí misma, es el embrión de una composición.

Voy para otro lado: ¿será acaso un modo de jugar entre lo finito y lo infinito? Esa línea es interesante, tanto, que lo mejor sería que la desarrolle otro con más “piense”.

Pero creo en la intuición y la intuición me dice que entre lo que perece y lo que permanece hay algún vínculo, como suele ocurrir entre los contrarios. Una idea mínima y fugaz se ha ido, pero siempre puede regresar, por lo tanto es eterna en su fugacidad.

De alguna manera, ya no componiendo, sino tocando, puedo comprobar que ese ida y vuelta es real, cuando viene una idea fuera de libreto y me ayuda a comunicar a veces mucho más que con la obra arreglada. No siempre ocurre, pero cuando ocurre siento que aquella fugacidad no fue un tiempo perdido. Y que, por hablar del tiempo, un sonido fugaz puede estremecernos para siempre.