3 – Grabar con Soledad

Amigo Matías,

Con algunas dudas, no voy a aceptar la invitación a grabar con Soledad, pero su destacada posición y tu gentileza  me obligan a responder a la altura.

Entiendo la importancia de Soledad en estos tiempos.

Coincido también con tu apreciación de que ama nuestra música y un inmenso público se ha identificado con ese amor.

Un público harto de invasiones sonoras desprendidas de nuestras raíces, encontró en Soledad un lugar de pertenencia.

Sin embargo, en todo este tiempo y aún desde antes de la explosión de Soledad, vengo bregando por un arte musical argentino que marcara huellas profundas en nuestro modo de ser, de cantar, de recordar y de amar la tierra.

Esas huellas están vivas pero tapadas por la vorágine mercantilista que encontró en la música un modo de escapismo.

Siento muchas veces que los nuevos íconos de esta canción viven la tremenda contradicción de ser mensajeros de la tierra y, al mismo tiempo, portavoces de la desmemoria que promueven las multinacionales de cualquier rubro.

Por suerte viven esta contradicción pues es por ella que, tarde o temprano, buscan en el pasado aquellas huellas, urgidos por canciones que los saquen de una fugacidad exitosa, deseosos de estar junto a artistas que conocen aquellas huellas.

Está bien esa búsqueda. La aplaudo. Solo que, en mi caso, es más tarde que temprano para buscarme.

Mientras crecía Soledad yo también, humilde y silenciosamente vine creciendo con  guitarra y pensamiento. También modestamente, ocupo un lugar en este mundo por el modo de ser, de tocar y de pensar.

Me debo a ese modo y a quienes me aceptan de ese modo.

Si soy invitado por el lugar que ocupo, sería más atinado plantear que nos reunamos para ver qué podemos hacer, porque uno no rinde en cualquier tema, sino por la comunión de dos alrededor de un tema. Esto es casi sagrado. Nunca fui un instrumentista de oficio “pa’ lo que guste mandar”.

No hay en estas apreciaciones, ninguna animosidad con nuestra artista y sí con los valores y estrategias de mercado de quienes la promueven.

Ojalá sus discos se vistan con el aporte de muchos artistas silenciosos y talentosos que vienen sufriendo la marginalidad de quienes hicieron de Soledad una enorme artista nacional.

Ojalá ella asuma paulatinamente lo mejor de nuestro repertorio.

Ojalá vista su canto con la  poesía de Castilla, Dávalos, Hamlet, Tejada, Franco, Nella Castro o Perecito.

Ojalá florezcan en su voz las canciones de Eduardo Falú, Ariel Ramírez, Pepe Núñez, Valladares, Guastavino o Juan Quintero.

Ojalá su nuevo vínculo con Mercedes sea algo más que la búsqueda de réditos mediáticos para cada una de ellas.

Ojalá, en definitiva, sea yo el equivocado y deba arrepentirme el día de mañana por haberme negado a tocar con una artista que aprendió a trascender más allá de la palanca mediática.

Es posible que esto ocurra, pues intuyo en ella la sensibilidad y el afán de trascendencia que la deposite noblemente en el camino de la memoria y la modele para hacer de su canto un emblema no solo de la garra, sino también del recato, la sutileza, la sobriedad y todos esos atributos que el canto criollo plasmara en tiempos de adoración al arte consagrado en el misterio de la canción.

Quisiera que la propia Soledad lea estas líneas. Que intente comprenderme, que no vea en mí ninguna animosidad personal y que entienda lo difícil de esta opción, pues sé que corro el riesgo de equivocarme o de ser interpretado como soberbio.

Además, estuve imaginando la versión de la zamba:

¿Iría yo hacia el tiempo vertiginoso y juvenil de Soledad o ella hacia la pausa a veces exasperante de Juan? ¿Conciliaríamos en un punto intermedio, tal vez?

¿Cómo armonizar la garra de la piba con mi irremediable melancolía zambera?

Y pensé. Estaría bueno probar, “maver” si en una de esas la moza se aviene a mi zamba y le acaba encontrando el gustito. Al revés es más difícil: ya estoy demasiado cobijado en mis silencios.

Lo mejor sería encontrarse en un asadito, juntarse en una zamba y sentir que es posible alimentarse mutuamente para llegar a un resultado artístico.

Pero, sinceramente, no creo que las multinacionales que ya van calculando plazos e ingresos del nuevo disco (usted, mi amigo, está al margen de esta apreciación), tengan tiempo para probar en un asadito el resultado del mismo.

Ahora, si Soledad topa, aquí estoy, guitarra en mano, pa’ lo que guste mandar, aprovechando que se interrumpió el  paro del campo y se puede conseguir un buen costillar.

Dejo pues, una ventana abierta para el futuro, para conocernos y tal vez repensar mis propias argumentaciones.

Un abrazo. extensivo a la cantora, con el mayor afecto.

Juan Falú.-